sábado, 28 de septiembre de 2019

Cascada de Maro y cueva del Lobo Marino, septiembre 2019

Decidimos vivir este día de aventura ya que llevaba mucho tiempo planificado como "despedida del verano". Fuimos miembros de Tritones: Sandra, Jéssica, Carolina, Jesús S., Bea, Juanjo, Javi y Juanjete. Y amigos y compañeros de otros clubs: Alicia, Jesús D., Ramón y Rubén.


Comenzamos con la cascada de Maro, un rapel de unos 30 m. de longitud de agua dulce, que proviene del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. Confluye en las Cuevas de Nerja, para terminar manando el agua en el Arroyo Sanguino. Su parte final, la cascada, es una de las zonas más bellas del Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo.
Se montó un pasamanos hasta la cabecera, en su izquierda orográfica, y el descenso fue agradable, buen estado del mar, pudiendo contemplar helechos y musgo verde. Un precioso arco iris con la luz y las gotas de agua ponía el colofón.












Ya llegados abajo, nos esperaba un nado de unos 400 m. hasta la playa. Es por ello y debido a la gran belleza de los fondos marinos, muchos de nosotros llevamos gafas y aletas. Las aguas cristalinas y turquesas de este Paraje Natural alberga flora y fauna tan importante como lo son las praderas de Posidonia oceánica, hábitat prioritario para el desove de muchas especies de peces. Así como esponjas, anémonas, equinodermos, crustáceos, moluscos, y distintas especies de coral, como el naranja, que es reconocido como vulnerable a la extinción. Peces como las doncellas o el pez luna son fáciles de ver, así como pulpos.



















Ya en tierra, subimos hasta los coches, primero había que recoger las cuerdas, y antes de marchar a la playa de Burriana, había que coger co*** de azúcar, algo que quedará para la posteridad por la confusión de la palabra 😅. 




10 minutos en coche y una vez aparcados, nos pusimos en marcha hacia la cueva del Lobo Marino. Es una cueva marina que emergió y fue horadada por un río subterráneo, ya inexistente. En ella podemos ver las formaciones y meandros en caliza y arenisca. Lo más bello de la cueva es, sin duda alguna, sus hipnóticos lagos de agua marina y su playa. Al entrar la luz exterior a través del mar, adquieren un color turquesa, hace que parezca otro planeta.
El nombre de cueva del Lobo Marino viene dado por la existencia hasta los años 60 de la foca monje del mediterráneo, que la usaban como refugio, y también por el gran estruendo del oleaje que se escucha en su interior, parece que rugiese.






























Vuelta a la playa, unos por mar y otros por tierra, nos dirigimos casi volando al restaurante "Ayo", famoso por la entrañable serie Verano Azul. Se unieron Emilio y María. Dimos cuenta de sendos platos de paella, lo cual fue una agradable sorpresa para algunos porque desconocíamos que se podía repetir. La digestión hizo que durmiésemos una muy agradable siesta, a la que Roberto también se unió.



Una vez libres de los brazos de Morfeo y como culminación a un día perfecto, jugamos al vóley-playa. Realmente un día fantástico.










Terminamos con un baño en esta paradisíaca playa a las 9 de la noche, acompañado de un cielo rosáceo.
¡¡¡Genial!!!








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